Fuente: El Comercio

El triunfo de Guillermo Lasso no solo es una buena noticia para Ecuador, también lo es para América Latina. Lasso aparece como el portador de atributos políticos, que mucha falta hacen en los tiempos que vivimos: un sólido discurso democrático; una visión de la economía que combina el estímulo a la producción con el objetivo de apoyar a las familias pobres; y, lo que es un signo destacado de su trayectoria, una idea de la política donde el diálogo y la negociación son relevantes.

El seguimiento del recorrido político de Lasso contiene avisos que no podemos obviar. El primero, su ejemplo de tenacidad. A pesar de haber sido derrotado en dos procesos electorales, ello no le condujo al abandono de la lucha. A lo largo de los años persistió en su promoción de los valores democráticos.

Lasso es un político a contracorriente en América Latina. Ajeno a la demagogia, no ha temido desmontar los argumentos del populismo chavista, cuyas secuelas de empobrecimiento masivo y corrupción ya conocemos.

Pero hay, además, otro aspecto de la irradiación pública de Guillermo Lasso, que debo mencionar: el lugar que los Derechos Humanos ocupan en su agenda. Puedo dar testimonio: a lo largo de los siete años en que permanecí en prisión, fueron numerosas las veces en que actuó a favor de mi liberación y la de los presos políticos venezolanos.

Durante la reciente campaña electoral, a Lasso se le interrogó sobre la presencia en Ecuador de emigrados venezolanos. Y en cada ocasión dio respuestas que han cargado de esperanzas, a los 400 mil compatriotas que viven en la nación ecuatoriana. Ha defendido que Ecuador debe dar a los emigrantes, el mismo trato que quiere para los ecuatorianos que han emigrado a otras partes.

Con el presidente Lasso, con el presidente Iván Duque, de Colombia; y con las autoridades de Costa Rica y Estados Unidos, los venezolanos tenemos un deber de gratitud. En cada uno de esos países han sido aprobados estatutos de protección temporal. Quien habita en un país distinto al suyo, y no dispone de los permisos necesarios que garanticen su estabilidad legal, vive en un permanente estado de zozobra, y de dificultades concretas para insertarse en la sociedad respectiva y encontrar una fuente de ingresos estable y legal.

Me cuento entre los perseguidos por el régimen de Maduro, que aguardamos el momento de volver, para continuar la lucha, junto a nuestra gente. Mientras llega ese momento, la denuncia del régimen ante instancias internacionales; las diligencias para que más países dicten medidas de protección temporal; la participación activa en las diligencias para alcanzar elecciones libres, justas y transparentes, continuarán en el eje de mi actividad. Pero con un estímulo adicional: saber que Guillermo Lasso apoya nuestra lucha por la Libertad y los Derechos Humanos.

Leopoldo López

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